CONSCIENCIA CRÍSTICA por José María Moragues

 

 

Consciencia Crística.

 por José María Moragues

 

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”  

Hebreos 1: 1- 2.

 

Una palabra, por definición, es la expresión del pensamiento. Las palabras son importantes. Todas ellas. La palabra es el medio creacional de Dios. La palabra es la decodificación de la esencia de Dios, la fuente de revelación de sí mismo. La palabra es el medio para comunicarse, para darse a conocer. Y Él, mi amigo, Él es Dios; y le plació, se le antojó en su soberanía, darse a conocer al hombre.

Las palabras que decimos, según Jesús mismo, van a limitarnos o a expandirnos, van a juzgarnos. Las palabras son importantes, tienen un peso específico, y su importancia radica en el significado propio que hallen al entrar en vos, y también el significado que le das al salir de vos.

Las palabras no son inocentes. No hay palabras inocentes.

Como dice el maestro. Hay palabras que hablamos que “… son espíritu y son vida…” Juan 6: 63. Es Dios mismo hablando con nosotros, desde nosotros; edificando al hombre en su espíritu.

Pero estas palabras, este diálogo divino, necesita atravesar la tormenta de nuestra alma. Debe surcar por un mar las adversidades de nuestras vivencias personales, nuestros miedos, nuestros pareceres, nuestra carnalidad, nuestros paradigmas, nuestras interpretaciones, nuestra creencia incompleta, nuestro yo ficticio, irreal, aquel que nos construimos a nosotros mismos por no conocer en verdad nuestra esencia. ¡Uff! Solo la palabra eterna, vivificante, sustanciosamente sólida de la voluntad de Dios, lo hace con éxito. Porque ella es tan perfecta, que convierte el alma; es tan fiel, que hace sabio al sencillo; tan recta, que alegra el corazón; tan pura, que alumbra los ojos. Síntesis de Salmo 19: 7- 8.

El ser humano, vos y yo, percibimos el entorno relacionándonos principalmente desde las emociones, esto es: nos relacionamos emocionalmente. Sí; somos seres emocionales. Esto implica que nuestro ánimo al hablar, cuyo ingrediente determinante es nuestro estado emocional, es fundamental para dar significado a lo que decimos y escuchamos.

Otro problema que tenemos, es que la misma palabra posee significados diferentes para diferentes personas. Por esto es necesario resignificar las palabras, con el fin de anclarnos a su significado como punto de fuerza que mueva nuestra vida a una experiencia llena de propósito.        

Permíteme jugar con vos, más aún, quiero participarte de un experimento con tu buen entender y saber.

 

¡Atención!

¿Qué es la primera imagen que se te viene a la mente al escuchar la palabra que ahora voy a soltarte? _ JESÚS.

Y si ahora te digo: _ CRISTO.

 

Dime ¿Generaste la misma imagen con ambas palabras? Seguro, la mayoría de nosotros sí; hemos visto lo mismo, hemos generado seguramente la misma imagen mental. Influidos por nuestra experiencia, instrucción, concepción desde nuestras emociones.

Pero tal vez haya más para nosotros. Más del Dios vivo.

Hay condiciones para una comprensión mayor, ciertos requisitos. Tal vez el principal requisito para que haya más, sea una mente abierta, ágil, con hambre y sed de él, aunque estés lleno. Completo, terminado, pleno. Aunque lo estés sin ser consciente de ello. Para esto es este escrito. Para despertar tu consciencia a la perfecta infinitud del Dios en el que estamos. Aquel Dios en el que simplemente somos.

Discernir el hoy y ahora de Dios, sin atrasos disfuncionales, sin estancamientos, sin lagunas atrapadas, sin calles bloqueadas; para correr en el cauce del río de Dios, aquel que imparte su vida a todo lo que toca, para que tu experiencia, interna, espiritual sea toda la plenitud de Dios.

Y ser saciados, para volver a desear nuevos niveles de consciencia espirituales y mentales al descubrirnos completos en Él, Completos en Cristo. 

 

 

El título del capítulo, Consciencia Crística.

 

Si las palabras son importantes, entonces, ajustemos el enfoque de nuestra visión mental-espiritual del título de nuestro capítulo. Consciencia Crística.

Aclaramos. Consciencia no es igual a conciencia.

La Conciencia es ese estado mental que nos permite percibirnos internamente, individualmente como uno mismo. Es la que nos permite actuar como individuos. Por la conciencia logramos ese estado moral primitivo del hombre desde su piel hacia adentro, que nos define como individuos. El amor a uno mismo, y con él todas las acciones de fe, cuidado, respeto, atención, intelectualidad, edificación, prosperidad, recreación, placer, gusto, todo respecto a uno mismo, es el máximo nivel de conciencia. 

Pero Consciencia, con “…sc…”, es algo superior, algo que no solo nos atraviesa, sino que nos trasciende. Trasciende al individuo. La consciencia comienza a despertar cuando nos percibimos como una parte de algo mucho mayor, algo que trasciende la frontera de nuestra piel; y sobre todo cuando percibimos al otro como alguien determinante para uno mismo. Alguien a quien estoy justa e irremediablemente ligado. Descubriendo que el otro es una parte de mí y yo soy una parte del otro.

Lo colectivo, el interés común, la armonía con el entorno están definidos por la consciencia.

Mientras que la conciencia puede aislarnos, es la consciencia, muy por el contrario, la que nos une, nos hace parte de. Es ahí que el amor es la base para entender esta construcción colectiva que llamamos humanidad, y de la cual la familia es su ensayo primario. El amor a nivel de la consciencia se manifiesta en servicio, enseñanza, entrega por el otro, concesiones, cuidado, respeto, otorgamiento de derechos, tolerancia.

Anclado a nuestra comprensión el término consciencia, entonces ahora proseguimos, preguntándonos: ¿Por qué Crística?

Crística, porque hace alusión al desarrollo de una mentalidad común basada en nuestra posición en Cristo.

Crística, porque proviene de Cristo en mí, yo en él, y más, nosotros en él. Es necesario que me explique en este punto.

 Según el nuevo testamento esa es nuestra posición actual. En Cristo.

Observa. Ochenta y cinco veces (ochenta y cuatro el apóstol Pablo y una el apóstol Pedro) se nos dice textualmente en el Nuevo Testamento que estamos EN CRISTO. Pero hay un centenar más de referencias a esta nuestra posición vital en sus cartas apostólicas.

El Ungido según el idioma griego, o el Mesías según el hebreo, esto es el CRISTO, se presenta en las escrituras de Salmo 2: 7 como el Hijo de Dios, y como él es, luego todos los hijos somos. Entonces la Consciencia Crística es la mentalidad desarrollada de un hijo maduro en la fe.

Las escrituras nos revelan que la irrefutable consecuencia de la obra de Jesucristo en su muerte y resurrección, es la filiación, esto es el ser declarado “Hijo de Dios” con poder como lo dice Romanos 1: 4. Resurrección en la cual fuimos sumergidos juntamente con él, así también como lo fuimos en su muerte. Romanos 6: 4- 5.

Esta obra salvífica, o propia de la salvación, es la que nos ha colocado en Cristo como hijos amados, por medio del nuevo nacimiento, posible solo a causa de la obra de redención global o ilimitada realizada por Cristo.

La Consciencia Crística aflora solo a causa de la transferencia, desarrollo y adquisición de una mentalidad que nos es impartida por el Espíritu Santo. Esa mentalidad es a la que Pablo hace alusión en 1° Corintios 2: 16b cita textual: Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.  

La mente de Cristo es el asiento de todo conocimiento existente, tanto espiritual como natural.

La palabra ciencia, en griego GNOSIS, es traducida en la biblia simplemente como conocimiento. Su variante es EPIGNOSIS, también traducida de la misma manera, con un significado de conocimiento superior, o conocimiento supremo. Otra de las tantas palabras que del griego son traducidas al castellano como conocimiento es GINOSKO como en Juan 17: 3 donde Jesús orando revela la esencia de la vida espiritual diciendo “… esta es la vida eterna, que te conozcan (GINOSKO) a ti…   …y a tu hijo…” Esta palabra griega es usada para destacar un conocimiento experimental, no teórico, no filosófico, sino práctico cercano. Un conocimiento profundo de la persona de Dios y su propósito.

El acceso a todas estas cosas está en él, en Cristo. Cristo es la sabiduría de Dios manifestada, la palabra hecha carne como dice San Juan 1: 14. Y está en nosotros, está para nosotros, y su mente activa por el Espíritu, es la fuente del conocimiento absoluto, que opera hoy a favor del hombre. Ese conocimiento está ahora mismo a tu alcance, por medio de la revelación del Espíritu Santo. Ese conocimiento es Cristo mismo dándose a conocer. Es la fuente de todo conocimiento existente y está a tu disposición y la mía.

Para desarrollar esa vital Consciencia Crística ese conocimiento es ineludible.

Esa Consciencia Crística es la esencia de: La vida del Cristo Vivo, Resucitado, de Dios mismo, hoy manifestada en nosotros. La verdad presente operativa en sus hijos. El reino de los cielos funcionando en la tierra. La vida del Hijo de Dios fluyendo desde su iglesia. 

 

 

La fe y su buen entender.

 

Entender es inherente, propio, a la fe.  Hoy es el tiempo de los entendidos, de los despiertos en cuanto a la Consciencia Crística.

Pudiéramos decir, sin temor a equivocarnos, que la autoridad espiritual está en franca relación con el nivel de revelación al que accedamos, con el nivel de luz. Esto se desprende de lo acaecido en Cesarea de Filipos, narrado por Mateo en el capítulo 16 de su evangelio, cuando Jesús le pregunto ¿Quién dicen vosotros que yo soy? Pedro respondió: Tu eres el Cristo el Hijo del Dios Viviente. Respuesta que desato una autoridad novedosa entre los hombres “… a ti te daré las llaves del reino…”

A causa de esto, bien vale aclarar que el reino de Dios es un reino de iguales, hijos, reyes, sacerdotes, pero iguales; tan iguales que Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos, Hebreos 2: 11 y 12. La distinción en el reino, el rango, no tiene que ver con títulos, ni ministerios, ni masificación o nivel de popularidad o impacto, sino con el nivel de revelación al que accedió. Así es que, en la operatividad temporal del reino, bien podemos hablar de Rango Mental en sus hijos.    

Pero existe en la iglesia de hoy un difundido paradigma, o creencia limitante, que hace de contención, de dique, de muro, a la Consciencia Crística. Para el desarrollo de esa consciencia es fundamental la construcción de un pensamiento ágil, racional, sistematizado pero flexible, probado, funcional. Aquel paradigma espiritualista evita que esta consciencia impregne nuestra manera de pensar, generando atraso en cuanto al desarrollo de una vida plena, evitando así también la manifestación del reino de Dios.

Ese paradigma, bajo la excusa de un movimiento sobrenatural, abona la idea de una fe irreflexiva; cuyo entendimiento racional, dice, no es necesario. Es más, presenta la razón como un impedimento para la manifestación de lo sobrenatural de Dios.

Mire mi amigo, Dios es Dios, el habita también la dimensión espiritual y todo lo que quiso ha hecho como dice Salmo 115: 3, y aún lo hará.

Cuando entendemos por fe quién es Dios ¿Cuál es el impedimento para los milagros más extraordinarios? ¡La razón no es enemiga de la fe! La razón, gobernada por una Consciencia Crística, afirma la fe. Todo es posible cuando Dios está en el asunto Lucas 1: 37. Desde sanar por fe solo tocando, hasta un nacimiento virginal; desde una protección inusitada, hasta una resurrección de los muertos; y más, mucho más.

La razón sin Dios, sin su gobierno, sin su rey, sin fe; esa es enemiga de Dios y por tanto del hombre en general. La razón sin Dios, esa es la anti fe. Las razones equivocadas siempre darán frutos, acciones equivocadas. Pero la razón en Dios es apelada por el apóstol Pablo para una vida poderosa y conscientemente dedicada a Dios como en Romanos 12: 2. Nuestro culto, esto es la expresión de nuestra fe es racional, coherente, reflexiva, meditable, transferible, entendible. 

Observemos a los apóstoles demandar un entendimiento ágil, preparado, limpio, como Pedro en 1° Pedro 1: 13 “… ceñid los lomos de vuestro entendimiento…” o de nuevo en 2° Pedro 3: 1 “… despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento.”

O también al apóstol Pablo en Efesios 1: 18 diciendo “… alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis…” o cuando le expresa a su hijo en el servicio a Dios Timoteo al cual le dice en 2° Timoteo 2: 7 “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.”

O luego al apóstol Juan decir en sus cartas “… sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero…” 1° Juan 5: 20, usando allí para entendimiento la palabra griega DIANOIA que significa un pensamiento profundo.

Y si no, ir al antiguo pacto y leer a Daniel 12: 3 donde dice el profeta que: “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento…”

Según el autor a los hebreos en el capítulo de los héroes de la fe dice: “… por la fe entendemos…”  Hebreos 11: 3. Primero es fe luego entendimiento. Primero es fe, pero ¿Fe en qué? Fe en una información, en un mensaje, en una palabra. La fe definitivamente es racional. Necesita el componente del entendimiento. La fe es una construcción primero personal, luego también colectiva.

De alguna manera, pienso que el alejamiento del pensamiento y opinión de la comunidad científica respecto a la vida de fe, en el pasado, fue afectada por el misticismo irracional abrigado y consentido en sectores, a veces amplios y por tiempos reducidos, de la iglesia. Constituyendo un fanatismo sectario, que por momento gobernó el sistema de pensamiento eclesial. Y produciendo una ruptura entre el pensamiento natural y el pensamiento espiritual. ¡Una verdadera pérdida para la humanidad!     

 

 

El despertar de los hijos maduros.    

 

La Consciencia Crística, para desarrollarse, necesita el despertar de los hijos maduros.  

Anteriormente dijimos, que la obra de Jesucristo en su muerte y resurrección nos ha dado el derecho legal de Hijos nacidos de Dios, según San Juan 1: 12 y 13.

Detengámonos aquí unos momentos. Permíteme explicarlo con arraigo en las escrituras.

En la cultura griega del mundo del Nuevo Testamento, había, de acuerdo a las edades tres tipos de hijos.

1- El primero era llamado en griego NEPIO, esto calificaba a un hijo bebé, totalmente dependiente de sus padres.

2- El segundo era el TEKNO o hijo niño. Haciendo alusión a la etapa de la vida en que era entregado a cuidadores, ayos y tutores para su instrucción.

3- El tercero era, en esa cultura dominante, el JUIOS o hijo adulto, maduro. Aquel con todos los derechos de echar mano a, o de hacer uso de la herencia de su padre.

Aquí entra un concepto legal usado por Pablo, la Adopción, la JUIOTHESIA.

Hay que aclarar que por la utilización diferente del término adopción, hoy se ha oscurecido su significado. Lo que el autor humano tenía en mente al acuñarlo como término teológico, está en referencia a su significado antiguo y no a la utilización de hoy día.

Hoy, en nuestra cultura, adopción es poner en la familia a hijos que no comparten el ADN del padre, pero si reciben sus derechos legales como hijos propios. Una concepción incompleta, por tanto, errada en la intención del autor bíblico humano.

No somos hijos adoptados (según el uso actual de la palabra), somos hijos nacidos del padre, que compartimos su genética espiritual según Juan 1: 13. El GEN de Dios está en nosotros sus hijos impartiéndonos su vida y naturaleza.

Entonces. ¿Qué significa para Pablo que somos adoptados hijos? JUIOTHESIA adopción en griego, significa: JUIO de JUIOS hijo adulto. Y, THESIA poner. El uso contemporáneo a Pablo es el de un término legal, que hace alusión al momento en que un propio hijo de sangre asume su mayoría de edad (30 años para los hebreos) y reclama para sí, la herencia de su padre vivo. De ahí que JUIOTHESIA significa: Otorgar derechos de hijo adulto, maduro a un hijo propio.

Como ejemplo del uso y costumbre de aquel tiempo, nota la historia del Hijo Perdido contada por Jesús y citada en Lucas 15. ¿No te resulta extraño que al pedir la herencia el hijo menor, el Padre no lo objetara? Es que era su derecho legal por la JUIOTHESIA, la adopción. 

¿Cuándo sucede esto? Espiritualmente está a nuestro alcance al momento de creer. Pero esta verdad es operativa en nosotros cuando asumimos nuestra posición en Cristo.

¡Maravilloso conocimiento! Asume por la fe que cuando Dios te ve, ve a su santo hijo Cristo. Cuando el padre me ve, sabe que la obra en mí ya está completa. Asume, simplemente asume, que Cristo ya se ha formado en ti. 

La conciencia que somos sus hijos, por tanto, él es nuestro padre; nos eleva a la consciencia de quienes somos en Cristo.

A ese asumir en la fe, a ese descubrir quién soy yo en él, y quién es él en mí, y que somos nosotros para él, le llamaremos el Despertar de los hijos maduros.

Pudieras estar preguntándote: _ ¿Despertar a qué?

Bueno, justamente. Despertar a la Consciencia Crística; la verdadera mentalidad gobernante de la vida del reino.

 

 

La fusión Cristo.

 

Una distinción esencial de la Consciencia Crística es lo que denominaremos la Fusión Cristo. Al significado de las siguientes tres declaraciones, o verdades escriturales, es a lo que llamaremos Fusión Cristo. A- Yo soy en Cristo. B- Cristo es en mí. C- Nosotros somos en Cristo.

¿Pero qué es fusión? Literalmente fusión es: La unión de dos o más cosas diferentes formando una sola; especialmente ideas, intereses o agrupaciones.

Esta palabra describe ajustadamente el hecho de la unión entre Cristo y nosotros.

A- YO SOY EN CRISTO. Uno de los significados para la palabra fusión, es el cambio de la materia de un estado sólido a uno líquido por acción de la variación de la temperatura o ritmo de la energía que la compone. En síntesis, lo que resulta en el cambio de estado al derretirse de un trozo de hielo sacado del congelador y expuesto a la temperatura mayor del ambiente. Se deshiela cambiando de estado, pero conservando plenamente su esencia. El sólido cubo de hielo es físicamente H2O, y luego de cambiar su aspecto a líquido sigue siendo H2O.

Así yo soy en Cristo, fusionado. Esto es compartimos la misma esencia, estamos hechos de lo mismo, aunque nuestro aspecto externo sea otro. Mi manifestación al mundo tiene otra forma, pero conserva la esencia de él, su carácter, su posición de hijo, y pretendidamente su postura hacia todas las cosas. No solamente estoy en Cristo, sino que más ampliamente soy en Cristo. Si, compartimos la esencia del Hijo de Dios.  

Observe que el relato bíblico del libro de los hechos, contiene un episodio extraordinariamente notable al referirse al momento en que fue acuñado el nombre con el que se conoce a los cristianos hasta hoy. Literalmente dice en Hechos 11: 26 “… a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Cristiano, por definición es: un pequeño Cristo. Y más destacado, al saber que el nombre no fue auto impuesto; sino que la comunidad en la que estaban los llamó así, simplemente cristianos. Es que se destacaban por manifestar en carácter, obra y habla, al Cristo que pretendían tener y al que llamaban Señor. Todo un ejemplo maravilloso de manifestación.

Es que estaban fusionados en Cristo. Ellos eran en Cristo y entonces, el rey les transfería de su dignidad, y su carácter y las obras del Cristo, se hacían claramente evidentes en ellos.

Alguien dijo: Ser más que Cristo es imposible, ser menos es indigno de él. El apóstol Pablo les decía a los creyentes Gálatas que “… sufría dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ellos.” Gálatas 4: 19. El objetivo de nuestra vida debiera constituirse en ser como Cristo es.

La verdad, es que solo podremos ser como él es, cuando despertemos madura y responsablemente a la Consciencia Crística, asumiendo quien soy en él, conforme a una visión actualizada de las escrituras.  

B- CRISTO ES EN MÍ. Otro significado para Fusión lo aporta el campo empresarial. Se dice de una fusión entre dos empresas cuando, una empresa acuerda con otra una unidad para abarcar nuevos mercados o posibilidades de desarrollo de su actividad.

En este sentido, es que hemos sido adquiridos por Cristo nuestro redentor, con el propósito de constituirnos como agentes de manifestación de su reino. Él, ha elegido este medio para gobernarlo todo y cumplir así con la comisión dada a Adán en Génesis 1. Por este motivo es que nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios.

Existe un principio eterno establecido por Dios que hace fundamental que Cristo sea en mí y en vos. Ese principio es que todo espíritu necesita un cuerpo para ser operativo en el plano natural. La naturaleza espiritual de Cristo necesita hoy día un cuerpo para operar el reino de los cielos, esto es su reino en la tierra.

Este es el motivo por el cual Cristo es en mí y a través de mí, comparemos Juan 17: 23 “Yo (Cristo) en ellos… para que el mundo conozca que tú me enviaste.” Somos así, la necesaria expresión del Cristo presente, de Cristo en nuestro hoy y ahora. De alguna manera, sí somos, lo que Jesús fue en su tiempo, la habitación de Dios para la esencia Cristo. No lo somos, en el sentido del Salvador; pero si, en el sentido del vehículo humano para cumplir los propósitos del Cristo para su generación. Por tanto, eres de alguna manera, hoy en día, lo que Jesús fue para su generación. ¡Tremenda posición en la que estamos! En la que fuimos depositados por la obra de Cristo. Jesús fue la expresión de la esencia Cristo para el Siglo I, nosotros lo somos para el Siglo XXI. Somos el modelo 2020 (o el año donde nos encontremos transitando la vida) de Jesús en cuanto a la esencia Cristo. Solo necesitamos despertar a esa Consciencia Crística.   

Expresiones paradigmáticas como la del apóstol Pablo en Filipenses 1: 21 “… para mí el vivir es Cristo…” nos muestran el espíritu con el que Pablo servía a los propósitos de Dios en su generación, él es un modelo para nosotros de lo que es la Fusión Cristo. Todo lo que él vivía lo resumía en la manifestación del Cristo Presente. ¡Asombrosamente dedicado! Admirable y sólido modelo que podía decir a sus seguidores, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” 1° Corintios 11: 1. Era la vida de Cristo en él, a través de él. Veamos también cuando en Gálatas 2: 20 el mismo apóstol Pablo nos eleva desafiándonos, mostrándonos nuevos niveles de fe, refiriéndose a que su vida yo no es suya “… ya no vivo yo, más vive Cristo en mí…” sino que ahora es la vida de Cristo en él, a través de él.  Y su fe, ya no es su fe, sino el extraordinario nivel de “… la fe del Hijo de Dios.”

Mi hermano, te digo a vos y me lo digo a mi mismo, déjate, dejémonos utilizar para los propósitos divinos en tu vida y en la mía; y pronto, muy pronto veremos manifestado el reino de Dios a través de nosotros. Respetuosamente, él nos quiere usar para ser su expresión entre los hombres, el Cristo actual, el rey y el reino, ambos presentes e inseparables porque están unidos por su esencia. Para esto tenemos que abrazar la Consciencia Crística, que nos permitirá asumir nuestro rol en la historia del mundo, que nos permitirá introducir lo eterno en lo temporal, proclamando y exhibiendo ¡He aquí el reino de Dios con los hombres!

C- NOSOTROS SOMOS EN CRISTO. Hasta acá, la Fusión Cristo es de extracción interna, meditable y alcanzable personalmente. Pero eso no puede ser todo, hay más; hay elementos asociativos que nos trascienden y nos llevan a la construcción colectiva de nuestra esencia.

La Consciencia Crística no sería tal, si no nos trascendería. La Fusión Cristo estaría incompleta sin su manifestación colectiva, por ahora, la Iglesia de Cristo.

Según la teología Paulina, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Cuerpo que fue constituido por el bautismo que el Espíritu Santo hace a todo el que cree, el que despierta a la fe, haciéndonos miembros unos de otros.

El nosotros ahora es importante, fundamental. Tanto lo es, que necesitamos ajustar nuestro énfasis de fe individual y personal, a una fe colectiva, comunitaria, a un concepto de pueblo del Señor. Según la teología de Pedro, a un concepto hasta de nación espiritual que existe como el Israel de Dios para anunciar las virtudes del Cristo, 1° Pedro 2: 9 y 10.

Ahora, debo romper tantos años de formación y énfasis en una fe personal, para adquirir una mentalidad de cuerpo, de nación, de comunidad, de pueblo y ser eficaz en la manifestación del Cristo que somos.  

Para ser claro, y derribar pensamientos limitantes. Debo saber responder acertadamente a la pregunta: ¿Quién es el otro para mí? O en el vocabulario bíblico ¿Quién es mi prójimo?

El otro es una parte de mí mismo.

Por tanto, mi compromiso es con su desarrollo personal, familiar, ministerial, social, laboral, financiero, hasta donde el código de fidelidad del reino lo permita.

Si el otro crece yo crezco, sus victorias son las mías propias. Gozarme con los que se gozan y llorar con los que lloran es una parte esencial de la Consciencia Crística. Es nada más ni nada menos que la evidencia que hemos trascendido, vencido la barrera del personalismo individual. Entonces los celos, la envidia, la competencia con el otro, dejan de ser. Son arrancadas, erradicadas de nuestras vidas.

 

 

La iglesia, el cuerpo visible, físico y material de Cristo.

 

Revisar antiguas posturas teológicas y resignificarlas, es un ejercicio necesario para la renovación del entendimiento de nuestra generación y de las venideras. Esto es importante, si es que hemos de adquirir una mentalidad más ordenada con la funcionalidad de nuestras creencias.   

Vale la aclaración y ampliación de lo que expresamos acá. Dijimos que la iglesia es el cuerpo de Cristo según Colosenses 1: 18. Pero en la teología hasta hoy nos han enseñado que, ese cuerpo, es el cuerpo místico y espiritual de Cristo. A esto existe una definición superadora, una más de acuerdo con la Consciencia Crística, y a la que arribamos a través de ella.

A ver. Nuestro sentido común nos dice que un cuerpo es algo Físico, no algo etéreo. Por tanto, la expresión cuerpo lleva en sí misma un conflicto con la vieja y desactualizada enseñanza teológica.

Lo que de Cristo se puede ver, se lo ve en el carácter y obra de los cristianos, esto es de los pequeños cristos. Cristo, no está aquí como una persona para que nos toque, nos sane, nos edifique, nos ministre con una palabra. ¿Quién está? Nosotros estamos, aquellos sobre los cuales reposa el Espíritu de Cristo, aquellos desde los cuales fluye el amor, la sabiduría y el poder de Dios, a través de quienes Cristo es glorificado y manifestado a este mundo.

Hoy Cristo, está abrazando, cuando vos abrazas. Está bendiciendo, cuando vos bendices. Está sirviendo, cuando vos sirves. Está entregándose, cuando vos te entregas. Vos y yo, nosotros, somos la expresión del Cristo presente para este mundo.

Lo que de Cristo se puede ver hoy, se puede ver a través de nosotros. Por tanto: La Iglesia, su cuerpo visible, físico y material, es el agente de manifestación al mundo del Rey de reyes y Señor de señores, mí Cristo y su reino.

Desarrollar ese nivel de Consciencia Crística es vital para el ejercicio funcional del cuerpo.         

 

_ Oro a Dios, mi hermano, para que despiertes a la Consciencia Crística, y te atrevas a transformarte en un agente de transferencia espiritual. Cristo te de entendimiento en todo; y que tu luz resplandezca a perpetua eternidad. En el nombre de Jesucristo. Amén.

 

 


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

ESA PIEDRA. (Extracto de EPIFANÍAS) por José María Moragues.

RASTROS DEL PRETERISMO EN LA HISTORIA. (Parte 4) Por José María Moragues.