RASTROS DEL PRETERISMO EN LA HISTORIA. (Parte 4) Por José María Moragues.

 


 RASTROS DEL PRETERISMO EN LA HISTORIA. 

(parte 4) -

Por José María Moragues. 


Reseña: El Dispensacionalismo, error interpretativo de la escatología, con su expectativa del Rapto, llevó a la iglesia a un estancamiento respecto a su misión de manifestar la vida de Cristo a este mundo. Es hora de cambiar por una escuela interpretativa que sacará del sueño y la inacción gravitante al pueblo entendido de Dios, el PRETERISMO, devolviéndole el protagonismo a la iglesia y realzando la responsabilidad del hombre en el diseño divino.   

 

        La gran estafa de la espera.

 

¿Cuándo hemos solucionado algo en la vida esperando? ¿Cuándo Dios nos guio al acto de irresponsabilidad de no responder por toda su creación? ¿Cuándo fue que Dios revocó su mandato de Génesis 1: 27? ¿Bajo que embrujo de tinieblas nos encerramos en salones cada vez más cómodos? ¿Cuándo Dios nos relevó de nuestra tarea de administradores de todo? ¿Qué mentira disfrazada de argumento teológico nos relegó a la intrascendencia? Discúlpeme por el atrevimiento, pero fue el somnífero del dispensacionalismo. Y su corona de desviación, el rapto de la iglesia.

Esperar. ¡Mmmm! En la mayoría de los casos, una mala receta. Si no estás de acuerdo, piensa en cualquier situación que en tu vida haya creado un conflicto; si no la atiendes pronto solo crecerá, llevándose puesto todo a su paso, hasta muy posiblemente, tu vida misma.

Solo sentido común. Termitas en casa. Las ves y actúas inmediatamente, pero si las dejas, si esperas, van a comerse tus muebles y dormirás en el piso. Filtraciones de humedad. La mancha va a crecer, aumentará se hará una gotera, si no la reparas, tu casa se deteriorará y con el transcurrir del tiempo, será un ambiente húmedo, desagradable e inhabitable. Problemas mecánicos en tu coche. Primero un ruidito insignificante, una mínima falla, una luz encendida en el tablero de mando, luego, y si no lo reparas, una gran rotura, si no atiendes aquella falla solo crecerá; créelo se va a romper. Conflictos relacionales. Si no intervienes buscando un acuerdo, dándote a conocer, dando el espacio al otro, a los otros, solo aumentarás su gravedad. Problemas económicos. Si no rompes el circuito de manejo de los bienes que los generaron, entonces estos solo crecerán, se harán mayores, hasta que ya no los puedas manejar, se saldrán de control, desestabilizando tu mundo personal. Sistemas de abusos. Solo tienen un tratamiento, si no los cortas, solo se profundizarán, te lastimarán profundamente. Vicios. Si no los reconoces y los enfrentas, si permaneces en el pensamiento cómplice de: _yo lo manejo. Ellos te dominarán hasta esclavizarte. Enfermedad. Si no vas al médico, si no sigues el tratamiento, si no te tomas el tiempo para reestablecer tu salud, esta se irá agravando.

¿Por qué para la iglesia será diferente? ¿Esperar? Esperar no. No pasividad, no alienación, no encierro, no paredes ni techos, no al hedor soporífero del rapto.

Pero alguien puede estar pensando que, esa espera, planteada por la teología escapista, es una espera activa. No, no lo es. La iglesia se ha inventado muchas actividades para que esa espera sea disfrazada de activa, positiva. Por ejemplo, la distorsión de la guerra espiritual, encerrándose a gritarle al Diablo todo tipo de improperios. Por ejemplo, la exacerbación de las caídas en el espíritu, transformadas en un show introeclesiástico. Por ejemplo, las actividades operativas de las doctrinas de espirales emocionales, mal llamadas sanidad interior, que nos entretienen en fórmulas mágicas, pero resultan impotentes para transformarnos en una medida de Cristo. Por ejemplo, los elaborados cultos destinados a ofrecer experiencias top, que tienen como máxima expresión la industria de los recitales y las convenciones de personajes del jet set de la iglesia. Y más, penosa y vergonzosamente más. 

Una Iglesia que de pensar la sociedad e influir como la levadura en la masa, se encerró a esperar separándose del mundo que la rodea, alienándose, aislándose. Realzando disciplinas que solo tienen valor real si nos sirven para la intimidad con Cristo, para la reconstrucción interior, para ser coherentes en lo que manifestamos. En otras palabras, ser útil en transformarse para transformar.

Seamos nobles, y bajo el Espíritu de Cristo asumamos la responsabilidad que tenemos, y usemos la unción de gobierno de todo que portamos para deconstruir la metavisión de la iglesia y el cristianismo devolviéndolo a sus raíces, al reino presente de Dios y su manifestación.

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